Sao Paulo.-Luiz Inácio Lula da Silva, expresidente brasileño, reafirmó su deseo de ser candidato para las elecciones de 2018 y denunció una mayoría fascista en el Congreso Nacional que intenta “deshacerse” de Brasil mediante las privatizaciones, dijo en una entrevista.

En medio de los escándalos de corrupción que le salpican, el exmandatario, condenado a nueve años de prisión y con otros seis procesos abiertos en su contra, se ve como el candidato con mayor perspectiva de ganar las elecciones de Brasil, a pesar de que una condena en segunda instancia podría inhabilitarle.

“El Partido de los Trabajadores no va a soltar a un candidato que tiene perspectivas de ganar para intentar crear un candidato nuevo. Me gustaría que tuviéramos decenas y decenas de personas preparadas en el PT para ser candidatos, pero en el partido entienden que en este momento mi candidatura es lo que más puede ayudar a Brasil y al pueblo trabajador”, comentó Lula, en una entrevista, en Sao Paulo.

Presidente entre 2003 y 2010, el exsindicalista y extornero mecánico aclaró que antes de ser candidato quiere probar su “inocencia”, aunque precisó que no es la primera vez que los sectores más reaccionarios y de derechas persiguen a alguien.

Más allá de una posible victoria en las urnas, Lula reconoció la necesidad del apoyo del Congreso para gobernar en Brasil y no descartó repetir acuerdos “programáticos” con algunos partidos de centro y derecha, muchos de los cuales apoyaron la destitución de su sucesora, Dilma Rousseff.

“La alianza se hace de acuerdo con el resultado electoral. Se puede ganar una elección sin hacer una alianza con partidos políticos, pero para gobernar necesitas construir la mayoría”, sostuvo.

“Las personas que dicen que no van a hacer ninguna alianza, simplemente no van a gobernar”, agregó el mandatario, quien resaltó la necesidad de convencer al pueblo para mejorar la calidad del Congreso.

Líder en todas las encuestas de intención de voto, Lula atacó el plan de privatizaciones propuesto por el Gobierno del presidente Michel Temer, quien asumió las riendas de poder hace un año tras la destitución en el Congreso de Dilma Rousseff, y condenó la especulación financiera en el país suramericano.

“Aquí en vez de hacer inversiones y generar empleo y riqueza, están vendiendo cosas que no son suyas, sin consultar al pueblo. Construyeron una mayoría fascista en el Congreso Nacional y creen que pueden deshacerse de Brasil”, sostuvo.

Sobre el proceso de impeachment, Lula aclaró que no ha perdonado a los políticos que respaldaron la destitución de Rousseff, sino a los ciudadanos que se mostraron a favor de la salida de su delfín político.

Lula admitió que uno de sus errores políticos fue no haber conseguido aprobar la reforma tributaria y reconoció que su Gobierno “podría haber evolucionado más en la cuestiones sociales”, aunque aclaró que si regresa al poder finalizará las tareas pendientes.

Con 72 años y a pesar de estar cercado por la justicia, Lula aseguró sentirse “muy feliz” con todo lo que ha conseguido hasta el momento y precisó que nadie consigue sobrevivir en política si no es un constructor de amistades y de buenas relaciones. 

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