¿Por qué la gente no cree en los economistas?

30 de  marzo,  2016

Pese a que se han escrito centenares de artículos y decenas de libros sobre introducción a la economía, economía básica, manual de economía, economía para no economistas, y el más reciente, economía para el 99% de la población, lo cierto es que la gente continua no creyendo en los economistas, tal vez porque casi siempre nos equivocamos.

A mi conocimiento no he encontrado ningún trabajo de investigación que aborde la construcción de un índice de lo que piensa la gente sobre los economistas, ni si quiera se recogen en las encuestas la opinión de los ciudadanos sobre los profesionales de esa área; no obstante al peso que tienen sobre el diseño y ejecución de las políticas económicas de las naciones, que al final, independientemente de la simpatía o no sobre los economistas responsables de hacerla, terminan impactando en una dirección o en otra sobre la vida de cada ciudadano.

Tal vez sería útil intentar armar un indicador o recopilar lo que los ciudadanos dicen sobre los economistas, algo saldría; tomemos el ejemplo de la construcción del índice de confianza del consumidor, que hasta antes de 2007 en dominicana no era una realidad; sin embargo, y desde entonces se viene elaborando y publicando, razón que me indujo a desarrollar el tema acerca de la capacidad de predicción del referido índice en el segundo libro de economía que estoy por concluir, en la versión borrador, y que será publicado a mediados de año.

De todos modos, ante la ausencia sistematizada que recoja el parecer de los ciudadanos del país respecto a la opinión que tienen sobre los economistas, a partir de lo que publican los diferentes medios informativos, y más recientemente, lo que aparece en las redes sociales,  se puede hacer una aproximación sobre el particular, que se resume en   la descalificación o cuestionamiento, como común denominador.

Es tanto así, que después de los políticos, probablemente al oficio que le han dedicado más chistes es al economista, veamos algunos: “Si a un economista le pregunta sobre el número de su celular, él te responderá con una estimación”; de igual manera, si le preguntas “cuántos son 2+2, más pronto que un matemático te responderá, qué respuesta quieres escuchar”; también si le formulas una pregunta, el economista  responderá de mil maneras, al argumentar, bajo el supuesto que el resto de las variables permanezcan constantes, la respuesta es roja; pero si una de las variables cambia, la respuesta es negra; en cambio, si todas cambian, la respuesta es un arcoíris.

El economista de alguna manera práctica el Kama Sutra, ofrece tantas opiniones y soluciones como gustos, preferencias y necesidades tenga el que lo contrata, a veces incluso sin mediar un tránsito, con el valor agregado que no tiene la técnica sexual hindú, que le provee el sustento discursivo racional, esperado por el oído del contratante.

Una buena ecuación para representar al economista seria, la que lo iguala a su oponente; por el contrario, una buena inecuación, se produce cuando es menor, o mayor que el oponente; por esa razón hay más opiniones económicas que economistas en el mercado.

La moraleja a estos y otros chistes sobre los economistas es que sus respuestas deben ser escuchadas o leídas como aproximaciones, no verdades absolutas, especialmente si logras identificarle su juicio de valor.

En este artículo no estoy cuestionando a la gente que tiene esa valoración de los economistas, más bien trato de entenderla, procurando una explicación a su conducta; pues imagínense, los economistas no creemos en nuestros colegas, tendemos a cuestionarlos, o en mayor grado a descalificarlos públicamente.

Esa actitud obedece al interés político, al enfoque del pensamiento económico que represente, aquien te encargue la opinión, a la envidia personal y profesional, a la base de datos utilizada, al nivel profesional, al efecto mediático que se procura, entre otras razones.

Ahora, desde la perspectiva de la gente, la población en general no cree en los economistas porque no quieren que le sustituyan su realidad por teorías, análisis, y números de las que no forma parte, o en el mejor de los casos solo pertenece de manera parcial.

Si el economista revela que la tasa de desempleo es de 14.0% al 2015, el que está desempleado o tiene conocimiento que uno de sus vinculados también lo está, entonces la tendencia de la persona es a desconocer el número publicado y a decir que el desempleo es más alto.

Lo propio acontece con la inflación, si los economistas dicen que a diciembre de 2015 cerró en 2.34%, de inmediato una parte de la población declara que los artículos que compran para la comida diaria sus precios han subido más que el dato de la inflación.

De igual forma, cuando se anuncia que la economía creció en 7.1%, medido por el PIB, la gente tiende a negarlo, aduciendo que el dinero nominal que tiene en sus bolsillos es igual que el de antes, porque sus ingresos no crecieron.

La población valora el comportamiento de la economía de un país por lo que siente en su estómago, por el dinero que tiene en su cartera, o porque se queda en su casa cuando es un nuevo día y no sale a trabajar, esa conclusión la socializa con sus iguales, que al compartir problemas comunes, entonces los generaliza y es su realidad…tal vez la realidad, no una percepción.