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20 de Octubre, 2020
Por:  - domingo 18 octubre, 2020

En Sabana Perdida dicen estar huérfanos de autoridades; delincuencia y otros problemas los agobian

República Dominicana.- En el sector El Marañón, en Sabana perdida, sus residentes se quejan del mal estado de las calles y del problema que les genera una cañada, males a los que se suma la delincuencia, que no da tregua ni de noche, ni de día.

La gente que vive en El Marañón, en Sabana  Perdida, no sabe cómo hacer menos mal su odisea para salir y entrar al sector. Y es que, tanto a pie, como en motor, carro o guagua, están obligados a meterse en el fango, pero también a aguantar la polvareda, por el deterioro progresivo de las calles.

Santa Olmedo, residente en la calle principal de Sabana Perdida en Santo Domingo Norte, expresó “Esta calle que no la arreglan, aquí estamos mal, estamos olvidados por las autoridades”

Pero además, los hombres y mujeres de este sector, en el municipio Santo Domingo Norte, también tienen que soportar la pestilencia que genera una cañada, cuna de mosquitos y otros insectos y alimañas, que atentan contra la salud de grandes y chicos.

“Esta cañada recoge las heces fecales de 24 sectores populares y esas heces  fecales provocan mosquitos y enfermedades y nadie hace nada por nosotros”, dijo Pablo González, presidente de la junta de vecinos del lugar.

Los problemas de los que viven en El Marañón no se quedan entre el lodo y la polvareda de unas calles malas o en el hedor de una cañada que provoca enfermedades. Pues allí permanecen bajo agua, sol y sereno, desde hace 7 años, los materiales que se utilizarían en la construcción de una escuela que, aunque por el coronavirus se dispuso de un año escolar virtual, dicho plantel acogería a los cientos de niños hijos de la comunidad.

“Los niños se están mojando en la escuela que están, hay dos centros que están arrendados a Educación y llueve dentro y escampa fuera, no tienen la más mínima condición”, refirió el comunitario, Hernesto de la Paz.

Y, para mal de males, en El Marañón la delincuencia no duerme; se mantiene al asecho de los hombres y mujeres que allí habitan.

Ante las tantas dificultades, la gente que vive en El Marañón, tienen la esperanza de que más temprano que tarde las autoridades locales y del Gobierno central, preste atención a sus necesidades, que son las mismas a las que en campaña prometieron solución.