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Jueves, 29 de Septiembre, 2022

La voluntad política interpretada, matices y transición

Es en los matices donde se encuentran las diferencias, las delimitaciones, las decantaciones de una visión holística, con toda la complejidad que ello trae consigo. Lo demás, es la simplicidad en el análisis, que bosteza en el maniqueísmo.

“…Pensar que solo en el cambio está la solución, sin que cambie también el contexto histórico social y político, es una utopía y un error. Nada cambia si no somos capaces de romper con lo anterior…”. (Pedro Baños: El Poder).

Atravesando las Siete Edades de la Globalización que comenzó con la edad del Paleolítico, 70000-10000, según Jeffrey Sachs, hasta la Era Digital en que nos encontramos hoy, en el Siglo XXI, caracterizada por la conectividad, la computación y la inteligencia artificial. La naturaleza humana, la psicología humana, es cuasi la misma. Cambia la tecnología, la cultura, la economía, las cosas. Lo que distingue una época de la otra no es lo que el ser humano produce, hace, sino como lo produce y con qué instrumento lo hace. Ello implica, inexorablemente, una redefinición que trae consigo, ineluctablemente, nuevos alcances de relacionamiento y mayores actores estratégicos en el escenario político-social.

La democracia recitativa en que nos encontramos, vale decir, una democracia laceralmente defectuosa que tiene su epicentro en gran medida, merced a la banalización de la política, cuyos responsables se encuentran situados en el horizonte de hace exactamente 26 años. Emergió una elite política que no estuvo al alcance de los desafíos ni de su generación ni de la agenda medular del país. Cada generación, como cada época, establece un puente como espacio vital, crucial, de la historia. No es el hacer lo que rubrica la historia, es el entorno, el contexto, el momentum que delimita la presencia de un estadista.

El contexto actual de la sociedad dominicana es el resultado de una acumulación de factores que trascendieron la infraestructura, para colocar los elementos de la superestructura como andamiaje nodal. Lo que queremos establecer es cómo la autonomía de la superestructura, donde se encuentran los elementos jurídicos políticos-ideológicos, penetraron en una cuasi disrupción que bloqueó, minimizó, por un instante, la base material de la vida social.

A partir de enero de 2017 la sociedad dominicana comenzó a mirar con nuevos ojos. Un emergente sistémico asumió la sumatoria para trastocar todo el desvarío que como cuerpo social veníamos viviendo. Por primera vez los nativos digitales y los inmigrantes digitales se unían bajo la bandera de un solo clamor: ¡Contra la corrupción, contra la impunidad, vamos a acabar contra esa barbaridad!

Nadie acotaba que se estaba viviendo un nuevo germen, un nuevo parto de la historia política dominicana. El tejido social se convertiría en tormenta, tsunami, huracán, tornado y terremoto para los que estaban en el poder que no querían ver, observar, mirar, que nuevas olas se cernían. No importó que se suspendieran las elecciones de febrero, no se desmayó y aun en medio de la más peligrosa ola de la pandemia, los dominicanos fueron a votar, y Danilo Medina Sánchez admitiría que esas elecciones fueron las más costosas. No entendieron que la política, en gran medida, genera un poder relativo. Hasta entonces se había creado una especie de democracia suicida, con huellas profundas de anomia institucional de hondo calado de desprecio a la institucionalidad. Allí donde la calidad de la democracia se degradó, degeneró, estrepitosamente. Se desvencijó de 70 a 42, para llegar a 37/100 en 2020.

La democracia dominicana se encontraba en un pesaroso y pavoroso estrés, donde la instrumentalización, la caja de herramientas hacia ella, no estaba en función de la sociedad como conjunto, como colectivo, sino de una agenda de externalidad caracterizada por los intereses personales, particulares y partidarios. “Servir al Partido para servir al pueblo” entró en el campo del olvido como la figura de Bosch, que 21 años después de su muerte no ha podido solazarse, descansar, en su morada final. Todo lo fraguado, creado, desde el poder quedó desfigurado en la praxis de la ética política y de la visión de compromiso con lo institucional. Sencillamente, no hubo una asunción de la bandera.

Todo el devenir que se fue incubando, sobre todo a partir del 2012, máximo clímax del desconcierto, eclosionaría el mismo 16 de agosto. Ese momento significó nuevas luces de matices y de transición. El presidente Abinader asumió parte de la antorcha de la agenda social, el grito social, por mayores niveles de institucionalidad, de compromiso en contra de la impunidad y la corrupción. El poder, como nos dijera Salvador Giner en su libro de Sociología “es la capacidad que posee individuos o grupos de afectar, según su voluntad, la conducta de otros individuos, grupos o colectividades. Esta capacidad puede limitarse a una mera influencia o descansar sobre una sanción punitiva o de concesión de recompensas”.

En el poder político a partir de agosto de 2020 hubo una dimanación distinta en las relaciones de poder. El Presidente interpretó los anhelos y deseos de un componente significativo de la sociedad dominicana. Una voluntad política que asumió una agenda acariciada en el campo de la lucha frontal contra la corrupción, la impunidad y la economía sumergida (Falcondo, Larva, Discovery, FM). ¿Cómo se ha expresado esa voluntad política interpretada que ha generado verdaderos matices diferenciadores y una ruta hacia una transición que se fortalecería con reformas?

Veamos concretamente:

  1. Nombramientos de doña Mirian Germán Brito, Yeny Berenice Reynoso y Camacho.
  2. Elección de un Tribunal Superior Electoral sin ruidos y repartos ignominiosos.
  3. Elección de una Junta Central Electoral sin miembros conocidos en determinado partido político.
  4. Escogencia de los miembros del Tribunal Constitucional de manera consensuada, sin aparente imposición avasallante.
  5. Opción, preferencia de una Cámara de Cuentas con niveles de aprobación plausible.
  6. Elección del Defensor del Pueblo, el más apropiado para la función. No era miembro de ningún partido y obtuvo la mejor puntuación.

¿Qué otros elementos decantarían el camino distintivo que agrega valor en esta etapa de nuestra historia? En apenas, cuasi dos años, el gobierno del presidente Abinader Corona, según Carlos Osi Pérez, ha destituido a 18 funcionarios, 17 suspensiones, 6 renuncias y uno en licencia. En 20 años la hegemonía pelediana no hizo ni por asomo ese ejercicio institucional y moralizador. Veamos las renuncias:

  • Rafael Velazco Espaillat, Superintendente de Electricidad.
  • Ana Cecilia Morun Solano, Presidenta Ejecutiva del Consejo Nacional para la Niñez.
  • Ivelisse Acosta, Viceministra de Salud Colectiva.
  • Kimberly Taveras, Ministra de la Juventud.
  • Robinson Díaz, Director de Gabinete del Ministerio de Salud.
  • Carlos Fondeur, Presidente del Consejo de la Corporación del Acueducto y Alcantarillado de Santiago.
  • Feyla Rodríguez Pavón, Ex Gerente de Portuaria de Puerto Plata.
  • Adán Peguero, en el INPOSDOM.

Licencia:

  • Lisandro Macarrulla, Ministro de la Presidencia.

Entre las destituciones de manera palmaria se encuentran:

  • Juan Fulvio Ureña Acosta, Viceministro de suelos y Agua, del Ministerio del Medio Ambiente.
  • Paula Disla.
  • Luz del Alba Jiménez Ramírez, Ministra de la Juventud.
  • Plutarco Arias, Ministro de Salud.
  • José Altagracia Valenzuela Arias, Cónsul dominicano en Juana Méndez.
  • Antonio Gómez Díaz, Encargado de la Dirección Regional de Aduanas, por violación sexual.
  • Tomas Ozuna Tapia, Administrador de la Distribuidora de Electricidad del Este, destituido el 20 de mayo.
  • Juan Carlos Torres Robiou, Director del Cuerpo Especializado de Seguridad Turística.
  • Miguel Mateo Familia, Director de Recursos Humanos, del Ministerio de Salud Pública.
  • Cecilio Antonio Rodríguez Montas, Director del Instituto Nacional de Bienestar Estudiantil (INABIE).
  • 5 Funcionarios que han sido sustituidos del Ministerio de Educación: José Alejandro Ceballos Paulino, Andrés Montero Ferreras, Deiby Villalona de los Santos, Marino Laureano, Jesús Alcántara Alcántara.

Suspensiones:

  • Leonardo Faña,
  • Luis Maisichell Dicent,
  • Juan Maldonado Castro.
  • Adán Peguero.
  • Aníbal Díaz Belliard,
  • Ana María Barceló Larocca.
  • Faruk Garib Arbaje.
  • José Miguel Cordero Mora,
  • Simeón Fabián Ramírez Cruz.
  • Francisco Cantizano Nadal.
  • Anderson Ramón de los Santos.
  • Daniel Antonio Liranzo.
  • Reinaldo Ferrera Genao.
  • Máximo Pérez Pérez.
  • Dolores Núñez.
  • Daniel Florián Sánchez.

Desde la perspectiva psicosocial y hasta sociológica, los seres humanos que en su análisis tratan de “igualar” a los actores no es más que un sedimento de apoyo al statu quo anterior, o una proyección del resentimiento frente a los nuevos matices. Es en los matices donde se encuentran las diferencias, las delimitaciones, las decantaciones de una visión holística, con toda la complejidad que ello trae consigo. Lo demás, es la simplicidad en el análisis, que bosteza en el maniqueísmo

El conocimiento social de la realidad apunta a una redefinición de la sociedad dominicana que marca una transición, apuntalada por una voluntad política interpretada que cristaliza hoy, una Ley de Extinción de Dominio. Conviene a los cientistas sociales progresistas, trascender a “los futuros alternativos” para que ahonden y comprendan “la estructura interna de la sociedad (la distribución en ella del poder, la dominación, el privilegio, el control social y demás fenómenos afines)”.

¡En los matices están los pasos revolucionarios y el refuerzo loable de la transición, desconocerlo es ahuyentarse de la historia y caminar como la ciguapa!

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