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  • Por: Máximo Sánchez
  • sábado 06 enero, 2024

¡Ojo al santo! Esas no son lágrimas, son gotas de sangre cayendo de filosos puñales

República Dominicana acaba de ser acusada, por un grupo de congresistas norteamericanos de suplir armas para las bandas criminales haitianas; una acusación falsa y muy mal intencionada, encaminada a crear una imagen deplorable de nuestro país.

Las fuentes de las armas de todo tipo, empleadas por las bandas criminales de los países latinoamericanos, comenzando en Méjico y terminando en Suramérica, todos sabemos dónde está; pero si a ese conocimiento, le agregamos el caso insólito de los tanques de ropa usada y medicina que enviaba una iglesia, desde EEUU hacia Haití, esa acusación jamás debió producirse.

Esos tanques de enseres, para auxilio de los feligreses pobres de esas iglesias, llegaban premiados con armas de todos los calibres para las bandas criminales de ese país; pero, en ese momento, nadie se hizo estas preguntas tontas, ¿se realizó alguna investigación, ante la evidencia descubierta en esos envíos de armas? ¿Quiénes las enviaban y que perseguían con armar las bandas haitianas?

La degradación, en que han caído algunos de nuestros núcleos políticos, nos dejan a expensas de los ataques internacionales que, con intenciones inconfesas, tratan de dañar la imagen de nuestro país. La solidez de la nacionalidad dominicana, no permitirá que nos convirtamos en otro caos como Haití.

Pero ¡qué pena! que, en estos duros momentos, figuras como la del Dr. Marino Vinicio Castillo y su familia, se hayan apartado del discurso y las posturas que abrazaron en los años 80s del siglo pasado; cuando, de manera decidida enfrentó la amenaza del tráfico de narcóticos y a los políticos que la apadrinaban.

El Dr. José Francisco Peña Gómez nunca fue un peligro para la Patria; esa realidad estaba plasmada en el comportamiento histórico de otros descendientes del pueblo haitiano, como el caso del gobernante dominicano Ulises Heureaux (Lilís) quien además de ser, una de las espadas más brillante de la Guerra de Restauración, fue un mandatario que, con sus métodos, respondió a los intereses de la República Dominicana.

No sabemos, cuáles serán los motivos que han llamado a converger a los enemigos internos y externos de los dominicanos, para llevar a cabo esta campaña solapada, unas veces, y abierta, como ahora contra la Patria de Juan Pablo Duarte.

Pero, si sabemos que la sabiduría de nuestro pueblo, sabrá poner en las mejores manos el destino del único rincón donde no somos extranjeros.

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