Lima (EFE).- La persistente crisis política en Perú parecía haber dado un respiro al país andino antes de las elecciones. Sin embargo, los nuevos escándalos que rodearon a José Jerí, presidente interino hasta su destitución este martes, terminaron costándole el cargo.
Su salida deja nuevamente al país frente a un escenario de vacío de poder.
Jerí asumió la banda presidencial hace apenas cuatro meses, en su condición de presidente del Congreso cuando la entonces mandataria Dina Boluarte fue destituida por el Legislativo.
Durante su breve gestión priorizó la lucha contra la delincuencia y el crimen, lo que le dio una aceptación inicial entre la ciudadanía.
Ahora, el político conservador, censurado por el Congreso, protagoniza el octavo cambio presidencial en casi una década de inestabilidad, una etapa que comenzó tras los comicios de 2016.
La popularidad de Jerí, abogado de 39 años, se desplomó cuando salieron a la luz reuniones semiclandestinas con empresarios chinos.
El episodio más polémico fue un encuentro al que acudió encapuchado a un restaurante vinculado a uno de ellos, hecho que motivó una investigación de la Fiscalía por presunto patrocinio ilegal y tráfico de influencias agravado.
También generó controversia la difusión de que al menos cinco mujeres jóvenes obtuvieron contratos con el Estado tras reunirse con Jerí en Palacio de Gobierno.
Las revelaciones impulsaron mociones de censura que consiguieron las firmas necesarias para su trámite, pese a que el Congreso está en receso hasta marzo.
El martes, el pleno aprobó la destitución con 75 votos a favor, 24 en contra y 3 abstenciones.
Al tratarse de un congresista que ejercía interinamente la Presidencia, su salida se concretó con la mitad más uno de los votos.
Al perder la titularidad del Congreso, quedó automáticamente inhabilitado para seguir como jefe de Estado.
La destitución ocurre a menos de dos meses de las elecciones generales convocadas para el 12 de abril.
Varios partidos que respaldaron su llegada al poder optaron por retirarle el apoyo para evitar un costo electoral ante su caída de popularidad.
La única bancada que sostuvo su respaldo fue el fujimorismo, que defendió su permanencia hasta la investidura del próximo mandatario con el argumento de preservar la estabilidad.
Desde que Ollanta Humala (2011-2016) concluyó su mandato, Perú no ha logrado estabilidad presidencial. En casi diez años han pasado siete jefes de Estado por el Palacio de Gobierno.
El Congreso elegirá este miércoles, en pleno extraordinario, a un nuevo presidente interino, que se convertirá en el octavo desde 2016.