Una lectura objetiva a la Historia, acompañada de la observación a los libros antiguos, nos lleva a la conclusión de que “hay tiempo para todo”, como dijo el Sabio Salomón, con etapas de grandes convulsiones, seguidas de ciclos de esperanzas justificadas en un mundo mejor.
Tras sosegadas reflexiones y conversaciones con periodistas, escritores, artistas, deportistas, psicólogos y otros profesionales que vivieron su niñez en los años 60 del siglo pasado, adolescencia y primera juventud en los 80, adultez y madurez entre los 90 y primeras décadas del siglo XXI, concluimos en que pertenecemos a una generación privilegiada.
La extendida polémica iniciada por mi viejo amigo Luisín Jiménez, a quien conocí imberbe como mensajero interno de la otrora Corporación Dominicana de Electricidad (CDE) en los años 80, cuando la dirigía Don Marcos Subero, dio fuerza al criterio expuesto más arriba, ya que el hecho de que Tania Báez, hija de nuestro amigo fallecido Manolín Báez se niegue a renunciar a la vida sentimental a los 60, es una demostración de que pertenece a una generación privilegiada.
En medio de la cómica controversia, que también pudo servir de reflexión sobre la dignidad humana al margen de la edad de los individuos, como ahora lo contempla la Organización Mundial de la Salud (OMS), abogamos por el rigor científico en el manejo del tema, y más por el hecho de que en el mismo intervino una profesional de la psicología como es el caso de Zoila Luna.
Por algo los griegos dividieron su teatro en tragedias que hacían llorar y en comedias que hacían reír. Pero se cuidaron de presentar las primeras de día y las segundas en horario nocturno. Esa sabiduría que todavía hoy nos maravilla les hacía pensar que era más saludable irse a dormir después de horas de carcajadas y no tras las lágrimas que provocan el descubrimiento de las crueles verdades de la vida.
Pero el argumento en el que descansa nuestra tesis de que los “miembros del club 60-60” somos una generación privilegiada es porque en el caso de la República Dominicana, no estuvimos presentes en lo que fue la Dictadura cuya temática todavía hoy divide a nuestros compatriotas sobre sus virtudes y defectos. La década se inició con cánticos democráticos, y aunque hubo grandes confrontaciones, la inocencia infantil de aquellos tiempos nos mantenía en los límites del seno familiar, protegidos por un papá proveedor y una mamá cuidadosa.
La escuela de los años 60 y 70 del siglo pasado era una especie de continuación del hogar. ¿Quién de nosotros no se equivocó y llamó papá o mamá a sus maestros o maestras? Esa segunda década culminó con el fin de los represivos “12 Años” y el inicio en 1978 de un concepto más elevado de la vida democrática.
Así como los franceses describen como la “Belle Époque” la etapa que vivió entre finales del siglo XIX y principio del XX, colapsada en 1914 con el inicio de la Primera Guerra Mundial, los dominicanos vivimos una “Bella Época” entre los finales de los años 70 y la década de los 80, matizada por un auge sin precedentes del merengue y otros géneros musicales criollos que ponían a bailar y soñar a jóvenes y viejos.
Pero esa misma generación merenguera de los 80 vio en los 90 desplomarse el mundo bipolar encabezado por Estados Unidos (EE.UU), potencia capitalista hegemónica en Occidente, y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), en la Europa Oriental, con el surgimiento del Nuevo Orden Internacional, que impuso la llamada Globalización. El capitalismo venció al socialismo, que se presentaba como etapa previa al comunismo.
La generación privilegiada se encuentra con suficiente lucidez para ver el surgimiento de otro Nuevo Orden Internacional, con las políticas arancelarias de Donald Trump, sus iniciativas para el retorno a los valores tradicionales, combate al narcotráfico y presencia militar norteamericana en América Latina, hasta el punto de que atrapó en su habitación el dictador venezolano Nicolás Maduro y se lo llevó preso a los estados Unidos como si se tratara de un niño malcriado.
Hay que ser muy necio, ignorante o estúpido para negarse a comprender que lo que pasó con Maduro en Venezuela, con la actitud contemplativa de Rusia y China, sus supuestos aliados y protectores, es una demostración de que durante años se ha mantenido engañada a media humanidad. Un Nuevo Orden Mundial está naciendo. Los más inteligentes de la generación privilegiada lo comprenden, como comprenden el impacto de la Inteligencia Artificial (IA) en los nuevos estilos de vida de la sociedad, en la compleja civilización del siglo XXI.