
SANTO DOMINGO, RD.- Cuando la década del 20 del siglo pasado llegaba a su final, un joven político venezolano, identificado como Rómulo Betancourt, elegía como refugio la República Dominicana para escapar de la dictadura implantada en Venezuela por el general Juan Vicente Gómez.
Antes de que iniciara en 1930 la dictadura de Rafael Leonidas Trujillo Molina en República Dominicana, el joven Betancourt estableció una estrecha amistad con el joven periodista y escritor dominicano Joaquín Balaguer, quien le sirvió de presentador durante una serie de conferencias sobre las dictaduras en América Latina, ofrecida por el exiliado venezolano en centros culturales de distintos puntos del país, incluyendo el Teatro Capitolio y la Universidad de Santo Domingo; en el Distrito Nacional, invitado por la Asociación Nacional de Estudiantes Universitarios (ANEU), que entonces lideraban, entre otros, los dirigentes estudiantiles Guido Despradel Batista y Enrique Plá Miranda.
En Santiago, Betancourt disertaría en dos ocasiones en la Sociedad Cultural “Amantes de la luz”, lo mismo que en Barahona; en el teatro la “Unión”, en San Pedro de Macorís; en el teatro “Aurora”, y en la Vega en la Sociedad Cultural “La Progresista”.
Durante su estancia en Santo Domingo, que se extendió hasta los primeros años de la década del 30 del siglo 20, Rómulo Betancort vivió un episodio que pocos recuerdan y donde tuvo a punto de perder la vida, al zozobrar durante una tormenta el vapor La Gisela, en Barahona, próximo al Puerto Alejandro, donde el topógrafo Armando Acosta Melo, tenía establecido un campamento, levantando un estudio topográfico para el eventual desvío de la desembocadura del río Yaque del Sur, y ampliar la capacidad del muelle para exportar la producción azucarera del Ingenio Barahona, hoy conocido como Consorcio Azucarero Central -CAC-.
Según relata Luis Acosta Moreta en su más reciente libro “La Casa del Presidente Joaquín Balaguer, Máximo Gómez 25, parte atrás”, Bentancour fue rescatado por su padre Armando Acosta Melo, quien le dio albergue en su casa, permaneciendo allí por varios días, para luego viajar a Santo Domingo, y ser recogido en la capital dominicana por su compatriota Raúl Leoni Otero, ex compañero de estudios.
Agrega Luis el Gallo, que la noche del rescate el joven político venezolano durmió en el catre de su hermano Juan Pablo Espinosa, mejor conocido como Sagalo, quien acompañaba a don Armando Acosta en el campamento.
Establece que la enemistad entre la familia Trujillo y Betancourt habría tenido su origen en un incidente entre Rómulo y Petán Trujillo, en los alrededores del Mercado de la avenida Mella, donde el político venezolano fue agredido por el hermano del dictador, al negarse a darle entrada como socio en un negocio de venta de plátanos.
La situación se habría agravado cuando Rómulo Betancort, siendo ya presidente de Venezuela por segunda ocasión, se sumó al presidente cubano Fidel Castro, para financiar la expedición del 14 de junio de 1959, cuando un grupo de revolucionarios dominicanos, cubanos, venezolanos y de otras nacionalidades desembarcaron en República Dominicana con la intención de derrocar al presidente Trujillo.
El dictador dominicano respondió con un atentado contra Betancourt el 24 de junio de 1960, en tierra venezolana, un atentado al que el presidente sobrevivió el presidente venezolano, aunque con algunas heridas y quemaduras.
Así, entre incidentes, rescates milagrosos, demostraciones de amistad y solidaridad; como si se tratara de una familia, se han desarrollado las relaciones entre Venezuela y República Dominicana, dos pueblos unidos por la historia; una histórica relación que se inició hace más de quinientos años, con los viajes de ida y vuelta entre Santo Domingo y Maracaibo de Alonso de Ojeda y Américo Vespucio, dos navegantes españoles que anduvieron explorando esta parte de las américas en el año 1499.