El afán de convertirse en el principal partido de oposición está llevando al PLD y a la Fuerza del Pueblo a agrandar cada vez más la distancia entre ambas organizaciones políticas.
A dos años de las próximas elecciones, ambos partidos parecen anticipar que no existen probabilidades reales de una alianza.
Por supuesto, las diferencias personales y de tipo político entre Leonel Fernández y Danilo Medina encuentran un terreno fértil para no ser subsanadas.
Danilo y Leonel cargan consigo rencores y heridas que, con el paso del tiempo, se mantienen irreparables.
Los profesionales de la política, aquellos que en algún momento dieron muestras de actuar con racionalidad por encima de las pasiones políticas, hoy aparecen dominados por sentimientos que los separan de manera irreconciliable.
Ambas organizaciones políticas provienen de un mismo núcleo matriz, el cual se disputan entre sí; sin embargo, desde hace un tiempo la Fuerza del Pueblo ha venido creciendo a expensas del PLD.
Ocurre con frecuencia que dirigentes de todos los niveles de los organismos del PLD cruzan filas para apoyar las aspiraciones de Leonel Fernández.
Los peledeístas se enojan porque entienden que Leonel está drenando deliberadamente a su antiguo partido.
La más reciente juramentación de José del Castillo, miembro de la Comisión Política del PLD y exsenador por Barahona, ha encendido los ánimos, llevando a Danilo Medina a anunciar de manera enfática que nadie cuente con el apoyo del PLD para las próximas elecciones.
Las tensiones van en aumento y los intercambios mutuos de rechazo se intensifican, hasta el punto de ir trazando un camino cada vez más irreconciliable.
De mantenerse esta postura hacia las próximas elecciones, se augura una derrota casi asegurada para la oposición política y una victoria cómoda para el PRM.
No dejan de levantarse voces que acusan la existencia de alianzas subterráneas entre uno y otro sector opositor con el gobierno de Abinader.
El panorama político dominicano muestra a una oposición fragmentada, atrapada en disputas internas y en rivalidades personales que han terminado por imponerse sobre cualquier visión estratégica de poder. Mientras tanto, el gobierno, aun cargando con escándalos de corrupción, extradiciones de figuras cercanas al PRM y señales claras de desaceleración económica, se beneficia de una oposición incapaz de articular una alternativa coherente.
Nos encontramos en un ambiente político confuso, cargado de incertidumbre y de cuestionamientos a todos los partidos políticos y a su dirigencia.
De mantenerse esta dinámica, el electorado no castigará únicamente a un partido, sino a una dirigencia completa que ha demostrado ser incapaz de anteponer los intereses nacionales a sus resentimientos personales. En ese vacío de liderazgo y de propuestas claras, la población no solo buscará nuevas alternativas: también comenzará a desconfiar, de manera irreversible, del sistema político que hoy dice representarla.