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  • Por: Ana Cecilia Castillo
  • martes 10 febrero, 2026

El nuevo mundo del amor: la degradación del cortejo y el auge de los hombres princesos en 2026

La era digital y la renuncia masculina a la iniciativa amorosa

En pleno 2026, el amor ya no se parece al de antes. No es solo que hayan cambiado el lenguaje, las aplicaciones o las reglas sociales; lo que realmente preocupa es la desaparición del cortejo, ese arte antiguo que hacía sentir a la mujer deseada, valorada y elegida.

Hoy, especialmente cada 14 de febrero, muchas mujeres no celebran el amor: lo cuestionan.

En este nuevo escenario ha surgido una figura cada vez más común en el panorama sentimental moderno: el “hombre princeso”. No se trata del hombre sensible ni emocionalmente consciente eso sería un avance sino del que se esconde detrás de la pasividad, del “si ella quiere, que escriba”, del silencio calculado y de la falsa indiferencia.

Cuando el interés se volvió vergonzoso

Durante siglos, al hombre se le llamó caballero. No por machismo, sino porque entendía que demostrar interés era un acto de valentía. Decir “hola”, “me gustas”, “¿podemos hablar?” era parte natural del acercamiento humano.

Hoy, en cambio, muchos hombres creen que mostrar interés es rebajarse, perder poder o “quedar mal”.

Así se instala una dinámica fría y dañina:

No escriben para no parecer interesados

No saludan para no “quedar expuestos”

No proponen para que la mujer tome la iniciativa

No expresan sentimientos para no sentirse vulnerables

El resultado es evidente: relaciones confusas, frías y deshumanizadas.

La carga emocional trasladada a la mujer

Este nuevo modelo no ha liberado a la mujer; al contrario, le ha trasladado toda la responsabilidad emocional. Ahora es ella quien debe escribir primero, sostener la conversación, interpretar silencios, adivinar intenciones y, muchas veces, exponerse al rechazo sin reciprocidad.

No porque quiera, sino porque si no lo hace, no pasa nada.

Y eso no es igualdad.

Eso es abandono emocional disfrazado de modernidad.

Del caballero al espectador

El hombre caballero tomaba iniciativa, cuidaba, protegía y demostraba.

El hombre princeso observa, espera, mide, calcula y se victimiza si algo no sale como quiere.

Esta tendencia ha dañado no solo a las mujeres, sino también a los hombres mismos, que han olvidado que amar implica riesgo, presencia y acción. El miedo al rechazo ha creado una generación que prefiere no intentar antes que sentir.

El amor y el cortejo a lo largo de la historia

La Antigüedad: valor, palabra y acción

En la Grecia y la Roma antiguas, el matrimonio solía ser un acuerdo social o familiar.

 Sin embargo, esto no eximía al hombre de demostrar valor, honor y coherencia.

El interés amoroso no se ocultaba: se expresaba con actos visibles, promesas cumplidas y reputación pública.

Un hombre indeciso o incapaz de hablar claro no era prudente, era visto como débil o poco confiable. El respeto se ganaba actuando.

Edad Media: el nacimiento del amor cortés

Durante la Edad Media surge el concepto del amor cortés, donde el cortejo se convierte en una prueba de carácter.El hombre debía: Servir, proteger, honrar a la mujer amada

No era sumisión, sino compromiso y acción consciente. El cortejo incluía cartas, poemas, gestos públicos y constancia. El silencio no era misterio: era desinterés.

Edad Moderna y siglos XVIII–XIX: el caballero como norma

Consolidado el amor romántico, el hombre debía: Pedir permiso, presentarse con respeto, tomar la iniciativa, Responder por sus intenciones

No hacerlo se consideraba falta de educación y de hombría social, no una estrategia emocional.

Siglo XX: evolución sin evasión

Incluso con la liberación femenina y los cambios sociales, el cortejo no desaparece.

Evoluciona, la iniciativa masculina convivía con la autonomía femenina,había diálogo, no juegos de ausencia.

Siglo XXI–2026: la ruptura

Hoy ocurre una fractura profunda. La cultura digital, el miedo al rechazo y la confusión de roles han creado al hombre que espera ser elegido sin mostrarse.

Es el hombre que: No escribe, No saluda, no expresa interés, no propone, observa sin actuar

Quiere atención sin esfuerzo y conexión sin riesgo.

Esto no es progreso, es desconexión emocional.

La importancia del caballero hoy

Ser caballero nunca significó dominar ni controlar.

Ser caballero significó hacerse presente.

Un hombre caballero: dice lo que siente, asume el riesgo del rechazo, corteja con respeto No esconde su interés, entiende que amar implica acción

Cuando el hombre renuncia al cortejo, el amor se enfría, las relaciones se vacían y la mujer carga con una iniciativa que no siempre desea asumir sola.

La palabra caballero viene del latín caballarius, “el que anda a caballo”. Pero no era cualquier hombre: era alguien con responsabilidad, código moral y palabra.

Con el tiempo, el término pasó a significar hombre honorable, presente y valiente, también en el amor.

El problema no es que la mujer hoy tenga voz; eso es un avance histórico.

El problema es que muchos hombres han renunciado a la suya.

Decir “me interesas” no es humillación, decir “hola” no es debilidad, invitar a hablar no es perder dignidad.

El amor no murió porque evolucionamos, murió porque dejamos de atrevernos y mientras sigan reinando los hombres princesos, el romance seguirá en retirada.

@anaceliacastillo__

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