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  • Por: Ángel Gomera
  • domingo 14 junio, 2026

Alzar la mirada

En el año 1946, el líder colombiano Jorge Eliécer Gaitán pronunció una célebre conferencia en el Teatro Municipal en Bogotá, durante el proceso de su campaña presidencial; en la que reflexionaba acerca de la ceguera voluntaria y el miedo al cambio en la sociedad; este señalaba; cito sus palabras que: “Parece que a este nuestro pueblo, al igual del personaje de Poe, lo ha invadido la irremediable cobardía de no abrir los ojos, no tanto por esquivar la visión de horribles cosas cuanto por el fundado temor de no ver nada”.

Esa cita de Gaitán me llama poderosamente la atención por la relación que contiene; claro cuidando el contexto, el tiempo y la finalidad, con el lema o consigna que utilizó el Papa León XIV en su viaje apostólico reciente a España, en la que invita con mucha claridad y profundidad a: “alzad la mirada”.

Aduzco que ambos enunciados se relacionan de manera crítica; porque su intención no estriba en tratar de que físicamente se procure solo de mirar hacia arriba o abrir simplemente los ojos; sino que tanto una como la otra proponen que renazca conscientemente la actitud de un cambio en la forma de mirar; contemplando pues, aquello que antes no se veía.

En ese sentido, entiendo que el cantautor español Joaquín Sabina, en un momento dado, lo puso en práctica, al repensar su trayectoria, declaró en ese tránsito o evolución ideológica de “tener ojos, oídos y cabeza para ver las cosas que están pasando”.

Creo pues, que es un ejercicio de humildad y valentía, asumir la defensa de la perspectiva crítica y la conciencia activa por encima de la simple percepción visual; ya que esto permite transformar la realidad en lugar de simplemente resignarnos a la mera primera impresión, a bajar la cabeza o cerrar los ojos por cobardía o ensimismamiento.

Entender, que no se puede vivir solo mirando al suelo, interpretando la vida desde una famélica visión, dejándose desgastar por las preocupaciones, cansancios y lamentaciones, extraviándose en el camino del orgullo, el ruido y la indiferencia, olvidando que hay oportunidad de levantar la mirada y apuntar al cambio. Potencializar la capacidad del encuentro en cada uno, humaniza la mirada y permite reconocer las fragilidades y soledades en un mundo cada vez más complejo.

Por ende, urge alzar la mirada, ante esa prisa que convierte al otro en un ser invisible o descartado. Detente a mirar sus ojos sin inmediatez y pantallas tecnológicas que generen obstáculos o distracciones; pon oídos de escucha activa sin adelantar juicios huecos, para así comprender las emociones profundas, identificar los sufrimientos no expresados y descubrir las necesidades concretas que se anida en aquél carenciado de atención y cuidado.

Levantar la mirada es el antídoto contra la parálisis emocional y social; es salir de sí mismo, del pesimismo, de la incertidumbre, de las excusas; y lanzarte con determinación, asumiendo el compromiso activo de transformar la realidad, haciendo la transición de pasar desde la contemplación pasiva a la urgencia de actuar.

Apura en asumir el llamado de recuperar la empatía, la fraternidad y la solidaridad. Frente a la inercia del individualismo y el fatalismo; virus estos, que fraccionan, excluyen y hacen del ser humano un robot impasible que no reacciona y se olvida de sus semejantes. Que belleza gratificante es descubrir que puede ser respuesta de luz para alguien.

Asimismo, alzar la mirada es la búsqueda de consensos en una humanidad fragmentada. Buscar sólo culpables tiende a ser un mecanismo rápido y efectivo para canalizar la frustración, pero a la larga resulta infecundo. En un entorno polarizado o en crisis, dedicarse solo a señalar suele ser una vía de escape que anula el diálogo, deteriora la confianza, desgasta las relaciones y el bien común, sustituyendo el progreso por la reprensión.

Buscar responsables de los problemas puede aliviar en lo inmediato; pero hacerse cargo en la solución se requiere madurez y a esto se le quiere sacar la vuelta. Es que en la mayoría de los casos se pierde tiempo en discutir sobre quién tiene razón, cuando se debería brindar más tiempo en preguntarse qué hacer juntos para ser parte de la solución que se anhela.

Por consiguiente, elevar la mirada, se trata de no perder la capacidad de asombro ante el grito de tantos huérfanos y víctimas, fruto de una violencia salvaje que lástima de manera extrema y vil la belleza de la dignidad humana. Ante esas horribles tragedias es un imperativo ético y moral de no normalizar el dolor ajeno o convertir estas, como simples estadísticas frías.

Alzar la mirada es un llamado urgente a transformar la miopía del desdén o “el me da lo mismo” en acción, asumiendo la responsabilidad ciudadana frente a la crisis climática y la degradación de nuestros ecosistemas. Es vital combatir siempre, la degradación de los ríos, la contaminación, la deforestación y la pérdida de nuestra cobertura vegetal con el esfuerzo sostenido de todos.

Alzar la mirada es, en efecto, un poderoso llamado a la seguridad vial y un recordatorio urgente frente al dolor de tantas pérdidas irreparables por los accidentes de tránsito. Detrás de cada cifra en esas estadísticas de siniestros viales, hay una historia, una familia mutilada y un futuro tronchado que no puede dejarse de mirar. La suma de esas tragedias marca la sociedad.

Definitivamente, se necesita alzar la mirada más allá, sin máscaras ni poses, ante tantas realidades y motivos que están a la vista. Por tanto, esto es un emplazamiento a la resiliencia y a la autoconfianza. Para superar cualquier desafío, hay que levantar la mirada y caminar con esperanza y constancia, incluso cuando los resultados tarden en llegar; pero nunca desmayar en la búsqueda de la verdad, la justicia social y la construcción de un mundo mejor.

ANGEL GOMERA
Abogado
Santo Domingo de Guzmán
[email protected]

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