
En menos de 48 horas medios convencionales y redes sociales se hicieron eco de hechos de violencia intrafamiliar, con preocupantes inexactitudes que inducen a pensar que las informaciones que se les han estado sirviendo a los dominicanos están contaminadas por un sesgo ideológico, que impide conocer las causas de los fenómenos violentos, como punto de partida para buscar mecanismos que los reduzcan al mínimo.
Los sucesos, en los que se incluyen dos de los denominados “feminicidios”, ocurrieron en Azua, Las Matas de Farfán y Santo Domingo Este, con una notable diferencia en la descripción de los perfiles de los protagonistas de esos lamentables acontecimientos.
Desde Azua se reportó que el profesor Gregori Montilla fue herido de un disparo de arma de fuego que le alcanzó en la cara, por un hombre, Ángel Núñez, alias Teo, del que no se dice nada sobre su oficio, profesión o actividad económica de la que vive. La esposa de este último, Miosotis Elizabeth Mora Mejía, “declaró en entrevista que el profesor Montilla y ella habían pasado la noche juntos en la vivienda del educador, situación que ha sido incorporada como parte del relato que mantiene al docente en estado crítico en un centro de salud”.
Las crónicas están ilustradas por fotografías del “hombre” Ángel Núñez y el “profesor” Gregori Montilla, con la ausencia de una imagen de la “esposa” Miosotis Elizabeth Mora Mejía, en evidente protección a una protagonista importante del acontecimiento, hasta el punto de que se destaca su versión de que el agresor es su esposo.
“La versión presentada indica que, al momento de salir del lugar, ambos fueron interceptados por el imputado identificado como Ángel Augusto Núñez, alias Teo, quien según la testigo era su esposo”, dice el digital Noticiario RD, y agrega que “sin embargo, ambos se encontraban separados desde hacía aproximadamente un mes”.
El manejo que se le da al reporte proveniente desde Las Matas de Farfán es muy diferente al de Azua. Sobre el hecho ocurrido en el municipio de la provincia San Juan se precisa que el pastor evangélico Antonio Cruz se suicidó colgándose de un árbol en un bosque cercano a su vivienda, en el distrito municipal de Matayaya, tras intentar dar muerte a su esposa Rebeca, también pastora evangélica.
En este segundo caso, las reseñas reflejan el interés de precisar a qué actividades se dedicaban los involucrados, pese a que ante las diversas versiones que circularon sobre la tragedia de “los pastores” la Fraternidad de Pastores e Iglesias Evangélicas de Las Matas de Farfán (FRAPIEMFA), aclaró que, aunque en el pasado Antonio Cruz y Rebeca Santana participaron en el pasado en el establecimiento de una congregación cristiana en la comunidad donde residían, ambos dejaron de ejercer funciones pastorales y de asistir regularmente a la congregación hace más de cinco años”.
Fotografías del “pastor” y la “pastora” circularon profusamente en todas las redes sociales y los medios convencionales.
En torno al caso ocurrido en el Hospital Traumatológico Doctor Darío Contreras, en Santo domingo Este, se reseña claramente que el sargento mayor del Ejército Tony Vallejo Méndez, fue apresado por la muerte de su compañera sentimental, la enfermera Nancy Sánchez Gálvez de Vallejo, en un hecho ocurrido en el área de estacionamiento de la emergencia del centro de salud.
Las reseñas publicadas, precisan sobre las actividades a las que se dedicaban los esposos, al tiempo que muestran fotografías del agresor y la víctima, así como de la señora Marilenmy Cuello, de 45 años, alcanzada también por uno de los disparos.
Llama la atención que el apresamiento de Vallejo Méndez se produjera el martes en el Hospital Municipal Ciudad Juan Bosch, “donde recibía atenciones médicas tras ser trasladado por familiares, debido a un cuadro de presunta intoxicación, relacionado con el consumo de alcohol u otras sustancias, situación que aún se encuentra bajo investigación por las autoridades competentes”.
Probablemente, la falta de precisión sobre el “alcohol u otras sustancias”, oculte secretos en el sargento Vallejo Méndez, como los que parecen esconder las razones por las que en muchos hechos de violencia bautizados como “feminicidios” no se rebele la actividad a la que se dedica el homicida. Esos elementos son imprescindibles para establecer los perfiles de los victimarios, conocer a cabalidad el fenómeno de la violencia intrafamiliar y combatirlo con rigor científico y de manera sistemática hasta reducirlo a su máxima expresión.