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16 de Julio, 2019
Por:  - jueves 13 junio, 2019

Pero..... ¿y cuanto vale una vida?

El atentado contra la vida de un famoso parece que va a destapar la forma y manera en que se desenvuelve el bajo mundo que se ha ido institucionalizando en la República Dominicana, a medida que los valores, practicas y costumbres propias de nuestra esencia como Nación van siendo abandonados por un segmento de la sociedad que asume hasta el lenguaje propio de las mafias sudamericanas.

La vida de una persona que es y debe ser sagrada por lo que significa, tiene precio en el mercado de consumo donde las drogas y el dinero parecen ser lo principal, mientras se dejan de lado las conductas que se supone deben ser aprendidas para permitirnos vivir plenamente como miembros de una sociedad organizada.

Los seres humanos estamos diseñados para ser gregarios, es decir vivir acompañados de nuestros semejantes, y desde que abandonamos las cuevas hace mas de 5,000 años, hemos ido desarrollando habilidades para la socialización que no es mas que la capacidad de vivir e interactuar dentro de un grupo de una manera mas o menos civilizada.

Y es que a pesar se que somos capaces de cometer los crímenes mas horrendos, estos son fruto de pasiones, maldades o sentimientos localizados en partes muy primitivas de nuestro cerebro, y esto afecta a un porcentaje ínfimo de la población, por lo que los homicidios son parte de las situaciones excepcionales que confirman una regla universal que es la de la convivencia pacífica de los seres humanos.

Ahora, cuando alguien es capaz de aceptar dinero, simplemente pedacitos de papel con colores que sirven para comprar objetos perecederos, para quitarle la vida a otro ser humano y toma una acción como esta de una manera natural sin ningún tipo de remordimiento, es que en definitiva estamos llegando a una situación que debe llamarnos la atención como sociedad y provocar serios cuestionamientos a nosotros mismos.

No nos llamemos a engaño, esos patrones de conducta han sido promovidos desde el exterior a través de mensajes directos en diferentes programas enlatados de televisión, y suponemos que el efecto demostración de series como ¨El Patrón del Mal, donde se mistifica a un psicópata llamado Pablo Escobar, ha servido de ejemplo a estos cuasi animales que ahora nos rodean.

Y no es que están muy lejos del reino de los animales, porque el cerebro humano esta dividido en áreas, donde la parte mas central, la que esta debajo de la corteza cerebral, tiene los lugares donde se producen los impulsos mas primitivos, es decir aquellos que nos recuerdan que nos permitieron sobrevivir en nuestro largo proceso evolutivo, como el hambre, el sueño, los deseos de multiplicarnos, etc.

Pero en la corteza es donde se detienen estos impulsos primitivos y entra en juego el proceso de socialización, todo el aprendizaje que puede ir desde el lenguaje hasta los estímulos integrados por medio de nuestro medio ambiente y esto es lo que nos identifica como seres diferenciados de los animales.

Solo que cuando un ser humano permite ser dominado por estos impulsos primitivos nada lo diferencia de un animal salvaje, en el caso de los que matan por dinero, que lo que buscan es satisfacer sus deseos de poseer riquezas o gastar en placeres pasajeros, estos individuos son seres asociales mas cercanos a un animal que a una persona humana, habría que preguntarse si estas ¿personas? de verdad tienen derechos humanos.

Porque la pregunta que debemos hacernos es cuanto vale esa vida que algunos menosprecian de tal modo que son capaces de quitarla por una discusión tonta o peor aún, recibiendo una paga por ello, cuando hasta hace pocos años en la República Dominicana la palabra sicario no existía en el lenguaje común, es mas, la mayoría de la población ni siquiera sabía el significado de este adjetivo dado a quienes matan por dinero.

La vida es un milagro, el solo hecho de vivir, un organismo que es capaz de transformar el aire que respiramos en oxigeno para mantener a través de complejos procesos bioquímicos funcionando la unidad de la vida que son las células, pensar que somos una mezcla fantástica de aminoácidos y sustancias que nos permiten ser capaces de transformar el mundo de una manera fantástica.

Pensar que somos fruto de la unión de un ovulo y un espermatozoide, dos simples células que contienen dentro de si toda la información genética que al final determinará nuestro tamaño, tipo de pelo, color de los ojos, facciones y hasta rasgos característicos de nuestro temperamento, es decir, es como un ser programado desde su nacimiento por una secuencia de sustancias previamente determinadas y automatizadas.

Y si la vida es un milagro, algo que no merecemos, entonces esa misma vida no tiene precio y nadie tiene la potestad de quitarla por ninguna situación personal, ni la guerra esta justificada, por lo que ponerle un precio es despreciar nuestra esencia como seres humanos y nos convierte en simples animales capaces de los extremos mas crueles.

¿Que cuanto vale una vida humana?

La verdad es que no tiene precio, solo que los patrones de conducta aprendidos de países donde la regla es disminuir el valor de la vida a una mínima expresión, parece ser la regla en un país que no se merece este tipo de ciudadanos cercanos a ser animales, mejor tomamos medida desde nuestros hogares porque ya estamos lamentando los efectos de la insensibilidad ante la violencia que nos rodea.