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Viernes, 20 de Mayo, 2022

Marco de Referencia No lo entiendo

El estado dominicano es cada vez más incapaz de cumplir con sus obligaciones fundamentales, su secuela principal, incremento de la deuda social. 

Gobiernos sucesivos han sido más ineficaces de ejercer sus responsabilidades más primordiales, tales como asegurar educación, salud, viviendas, seguridad social, empleo, así como proporcionar un sistema judicial y de resolución de conflictos, servicios de la Policía Nacional y un nivel mínimo de seguridad nacional. 

Lo paradójico, en la República Dominicana es que es el país con mayor crecimiento económico de la región en los últimos 30 años, herramienta principal para propiciar un Estado de bienestar, promover la convergencia social y económica y, sin embargo, la experiencia empírica contabiliza exactamente lo contrario. Mas pobreza, desempleo, más desigualdad social y económica, más inseguridad ciudadana y una Policía Nacional que no cumple con su cometido de proteger la población. 

Históricamente, el sistema político dominicano ha estado dominado por una élite política corrupta que ha asegurado su impunidad y que ha actuado en componenda con el narcotráfico y la cúpula empresarial dominante que ha perpetuado el status quo, provocando la decepción y la frustración del ciudadano común.  

Es por eso que tal y como apunta la economista Stephanie kelton en su libro “El Mito del Déficit” al igual que en Estados Unidos, en la República Dominicana adolecemos de déficit tales como: déficit de buenos empleos, déficit de ahorro, déficit de sanidad, déficit educativo, déficit de infraestructuras, déficit climático y déficit democrático. En la República Dominicana deberíamos sumar el déficit ético.  

 Sin embargo, ingenuo y crédulo como siempre, el pueblo dominicano se llena de esperanzas, siempre que un nuevo presidente arriba al poder con una cantera de propuestas de cambios y reformas. 

Fue lo que ocurrió cuando el presidente Luis Abinader a un año de gobierno puso en agenda 12 reformas las que aseguró “producirán una segunda restauración institucional y material para República Dominicana”, que serían bueno recordar y son las siguientes: La reforma del sector eléctrico, La reforma del sector agua, La reforma de la Policía Nacional, La reforma para la modernización del Estado, La reforma por la calidad educativa, La reforma de la salud y seguridad social, La reforma del transporte, La reforma para la transformación digital, La reforma fiscal integral, La reforma laboral, La reforma del sector hidrocarburos y la reforma constitucional. 

No cabe la menor duda de que la ejecución de esas reformas contribuye a reducir el déficit institucional, social y económico de nuestro país, pero para lograr ese objetivo se necesita el concurso y la voluntad de la clase política.  

¡Es tonto pensar que es posible seguir ese derrotero y triunfar obviando la fuerza que tiene la oposición en el Congreso Nacional!  

Por eso no entendemos por qué el gobierno insiste en poner en agenda la reforma constitucional que ha sido rechazada de manera unánime por los partidos políticos de oposición más importantes del sistema (FP, PLD y PRD), lo que dificulta el diálogo y el consenso de las otras reformas. Reformas que son sin quizás, más importantes que la reforma a la carta magna y más cuando la doctora Milagros Ortiz Bosch cometió la pifia se sugerir que en la reforma constitucional se modifique el 50% + 1 voto en la primera vuelta para hacer posible la victoria electoral con el 40% + 1 voto. 

Debemos tener en cuenta que ha tomado cuerpo el rumor de que el gobierno estaría ofreciendo impunidad al PLD para lograr la modificación del mencionado artículo, lo que desborda de escepticismo e ilegitimidad la propuesta de reforma que agendó el presidente Luis Abinader.   

La pregunta es en consecuencia. 

 ¿Que pretende el gobierno, quiere reformas para cambiar el rumbo de la RD, o solo está de manera politiquera pensando en la reelección del 2024, aunque eso implique profundizar los déficits estructurales y la división de la familia dominicana, cuando lo que ameritan estos tiempos de dificultas es la unidad? 

¡No lo entiendo! 

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