El Barcelona, apoyado como en sus mejores tiempos en el poder del colectivo, conquistó el Mundial de clubes goleando a un River Plate que puso todo el corazón en el césped. Y que se rindió a la evidencia.

La evidencia de un equipo superlativo y coronado por un tridente incomparable. Dijo en la víspera Menotti que la MSN no es la mejor delantera de la historia del futbol. Y aunque puede que tenga razón sus argumentos van cayendo a cada partido cumbre que disputa este Barcelona. En Yokohama se marcaron una nueva exhibición.

El festival lo inició Messi traspasada la media hora de partido, cuando la presión amenazante de River había dejado paso a su dureza en el juego de intimidación que no encontró respuesta. Centró Alves largo y Neymar ganó el salto para ceder de cabeza a Leo, que controló como solo él sabe hacerlo y remató de una manera tan simple y extrañamente sencilla que hizo imposible cualquier intención de Barovero.

El portero había salvado a River en dos oportunidades anteriormente, pero ya se rindió a la tercera. Y a partir de ahí la final comenzó a pintarse de azulgrana. Sin disimulo. A cada entrada destemplada del equipo de Marcelo Gallardo respondían los de Luis Enrique combinando. Bajo el mando imperial de Busquets y la aceleración inconrolable de Messi, el Barcelona alcanzó el descanso en ventaja. Y no tardó en dar la puntilla.

Apenas precisó de cuatro minutos para apagar las esperanzas del campeón de América, con un pase profundo, excepcional y milimétrico, de Busquets para Luis Suárez, que mostrándose antes fallón se apoyó en la fortuna para lograr el 2-0 con un disparo que se coló por debajo de las piernas de Barovero.

La suerte acudió al auxilio de quien más y mejor futbol mostró antes y después en Japón. Y a partir de ahí las leves esperanzas de River Plate desaparecieron de manera absoluta. El Barça, elegante, se gustó mientras Neymar, que asistió al 3-0 de Suárez con un excelente centro, buscaba con sus gambeteos y bicicletas el gol que coronase su gran actuación.

Campeón en 2009 y 2011, el Barcelona hizo historia con el tercer Mundial de su historia. Con Messi enlazando a aquel equipo inolvidable de Pep Guardiola y este de Luis Enrique. River Plate intentó impedirlo de todas las maneras posibles… Pero sucumbió a una sola realidad: el fútbol es un juego en el que, hoy por hoy, nadie puede hacer sombra al Barça. ESPN