10 de Diciembre, 2018
Por:  - martes 10 noviembre, 2015

Pistas para detectar la adicción a las nuevas tecnología

EE.UU-Los nombres de videojuegos como Call of Duty y Fifa o redes sociales como Snapchat,

Facebook y WhatsApp forman parte del vocabulario de los adolescentes. Para los nativos digitales las apps, internet y los dispositivos electrónicos son casi una parte más de su anatomía y en la actualidad es casi imposible que los jóvenes no tengan un uso constante de las nuevas tecnologías.

 Según los datos del Instituto Nacional de Estadística, el 91,8 por ciento de los niños de entre 10 y 15 años son usuarios de la red y de los aparatos tecnológicos. Sin embargo, ¿en qué momento un entretenimiento pasa a convertirse en una adicción? ¿Cuándo pasan del uso a la mala utilización y termina convirtiéndose en un problema?

Carlos González Navajas, coordinador del Departamento de Psiquiatría Infantojuvenil de la Clínica La Luz, en Madrid, explica a DMedicina que la evolución negativa y la aparición de los signos de alerta aparecen de forma progresiva. “La primera pista es la disminución del rendimiento escolar.

El adolescente que anteriormente estaba adaptado al colegio y mantenía una evolución académica adecuada empieza a fallar”. Aunque ese es el primer indicador, González especifica que hay otros más llamativos cuando hablamos de adicción a las nuevas tecnologías: se produce la alteración de la vida familiar, el joven empieza a estar cada vez menos con la familia y a pasar más tiempo conectado a las redes sociales, a los dispositivos y a internet. Hay una alteración de los horarios normales y la comunicación en situaciones normales, como la sobremesa, empieza a desaparecer. “Estos son los momentos en los que los padres deben empezar a preocuparse y a preguntarse qué está pasando”, advierte.

 A partir de ese momento todo se intensificará siguiendo un patrón similar al de, por ejemplo, la adicción a las drogas, es decir, el adolescente necesitará cada vez estar más tiempo conectado y la tolerancia a no estarlo será poco a poco menor, las personas de su entorno notarán que realizará grandes esfuerzos por buscar la conectividad y, cuando no la consiga o se tenga que limitar, es frecuente que tenga reacciones agresivas.

 “Al igual que la vida familiar se va sacrificando por estar conectados y mantener una actividad en la red, más tarde pasará a sustituir la vida social por las relaciones interpersonales digitales”, afirma el especialista. “Entonces dejará de tener conexión con el mundo, dejará de ir al colegio; su vida pasará a ser una vida virtual. En esos momentos nos enfrentaremos a un grave problema”.

 Perfil en evolución

El especialista especifica que las señales están en constante cambio, paralelamente a la evolución de las opciones tecnológicas. Si en la actualidad estas adicciones suelen manifestarse en la preadolescencia y en la adolescencia, cada vez lo harán antes. Al igual que evolucionarán las preferencias vigentes: las chicas utilizan más las redes sociales y los chicos los juegos que implican una descarga de adrenalina. “El elemento que siempre permanece es que los adolescentes tienen dificultades sociales. Aunque, por ejemplo, parezca que una niña tiene habilidades comunicativas y para relacionarse con su entorno, en la mayoría de los casos se esconde un caso de problemas de autoestima”.

 Las consecuencias de no atajar estas adicciones pueden variar desde el aumento del sedentarismo y, por lo tanto, el incremento de la obesidad y de las enfermedades articulares, hasta problemas graves de salud mental: el adolescente pasará a vivir una vida virtual que consiga que su estado anímico evolucione a uno más irritable, con ansiedad y, en casos extremos, alcance un estado disociativo donde confunda qué es real y qué virtual.

 Ante estas circunstancias el especialista insiste en intentar un abordaje multidisciplinar que implique al entorno educativo y la familia para intentar reconducirle, plantear una estrategia de comportamiento adecuada con el paciente y evaluar la capacidad de contención de la adicción por parte de la familia.