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Martes, 31 de Enero, 2023

OEA y CELAC caminos diferentes

La Organización de los Estados Americanos OEA
y la Comunidad de estados Latinoamericanos y
caribeños CELAC, que agrupan a los países del
caribe y América Latina, marchan de manera
paralela, ya que la OEA tiene una historia de
sumisión a la injerencia de los Estados Unidos en
los países de la zona, además de ser inoperante
como instancia multilateral, lo que ha provocado
fuertes cuestionamientos internos.

Por el otro lado la CELAC fundada en 2011, es un mecanismo regional
de concertación, interesado en avanzar en la unidad y la integración
política, económica, social y cultural, el bienestar social, la calidad de
vida, el crecimiento económico, promoviendo el desarrollo
independiente y sostenible, sobre la base de la democracia, la
equidad y la más amplia justicia social.


El fracaso de la OEA, que fue constituida en 1948, hace ya 74 años
como un foro político para la toma de decisiones, el diálogo multilateral y
la integración de América, ha quedado evidenciado en su polémico
comportamiento e incapacidad para ser arbitro de los diferendos entre
los países, lo que ha provocado un aumento de la falta de confianza y un
mayor descredito de la organización regional.


La historia de la OEA desde su fundación se ha caracterizado por un
comportamiento parcializado, alejado de la objetividad, dejando a un
lado la agenda de los países de la región, favoreciendo siempre intereses
que no son los de América Latina y sus pueblos, lo que ha desprestigiado
a esta organización, que ya no es vista, como un mecanismo de
integración, concertación y dialogo.


Esta situación se ha visto acentuada en los últimos años donde el rol
de la OEA, en los casos de Bolivia y otras naciones, ha sido
desastroso para la democracia en la región, lo que ha agudizado la
crisis de credibilidad que padece esta organización de la cual se habla
de sustituirla por un organismo que represente, otra relación entre
América Latina, el Caribe y Estados Unidos.


Por el contrario, la CELAC con una visión clara de su papel en la región se
viene fortaleciendo con la firme voluntad de construir un organismo
multilateral dirigido a que América Latina y el caribe se dirijan a un
proceso integrador más profundo, mediante la habilitación de consensos
y espacios de diálogo, incluso en medio de una absoluta diversidad
ideológica y una real cooperación y solidaridad entre los pueblos.

La CELAC, fundada a instancias del fallecido ex-presidente venezolano
Hugo Chávez y otros gobernantes de la izquierda progresista
Latinoamericana, avanza con sus altas y bajas y se encuentra en estos
momentos en un punto en que debe reflejar una férrea voluntad de
impulsar un nuevo regionalismo que consolide una verdadera integración
de los pueblos de América latina.


La OEA y la CELAC verdaderamente representan dos caminos diferentes
y dos visiones contrapuestas de hacia dónde debe ir una región, que ha
tenido que soportar en gran medida la intromisión en sus asuntos
internos, abusivas intervenciones militares, crueles y despiadadas
dictaduras, groseras violaciones a los derechos humanos y altísimas
condiciones de pobreza, marginación y exclusión.


En una época en la que se han fortalecido los movimientos sociales y el
tema ha vuelto a ser importante, en que el movimiento indígena tras
siglos de marginación se ha constituido en un influyente movimiento
político y el surgimiento de nuevos gobiernos progresistas en la región,
hacen necesario una organización diferente a la tradicional OEA, que este
a la altura de la nueva situación que se presenta en la zona.


Una organización como la CELAC que con una visión clara del pluralismo
y la diversidad política e ideológica, mediante iniciativas que ayuden a
construir y fortalecer estructuras, creando confianza en el desarrollo
regional propio, que rompa con los monopolios mediáticos y con las
tradicionales elites conservadoras, podrá dar respuestas adecuadas
para sacar a América latina de su crisis actual.


Todo esto será posible cuando los pueblos latinoamericanos se den
cuenta del potencial de su gente y de su región y de como con su
unidad e integración, lograran la fuerza necesaria para insertarse y
negociar en mejores condiciones con las naciones poderosas que hoy
tratan de dirigir al mundo, lo que ayudaría en la lucha contra la
pobreza, la desigualdad y la exclusión social.


La historia de América Latina en medio del reacomodo geopolítico
global, la crisis por la subida en los precios de los alimentos,
combustibles y fertilizantes, la inflación mundial y las condiciones
internas de cada país, demandan de organismos internacionales que
expresen los sentimientos de los pueblos de la región, de modo que
se puedan enfrentar con éxito los retos y desafíos del presente.


OEA y CELAC dos caminos diferentes que conducen a lugares
distintos, una OEA con una historia de fracasos y una CELAC
emergente, con una visión de la unidad en la diversidad de América
Latina, como muy bien lo dijo el papa Francisco,’’ El sueño de San

Martín y Bolívar es una profecía, ese encuentro de todo el pueblo
latinoamericano más allá de la ideología. Esto es lo que hay que
trabajar para lograr la unidad latinoamericana”.

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